La que se deja la barba/La consciencia sobre la luna

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La que se deja la barba, David Reyes

Dedicado a ti que me haces consciente y a todos aquellos que contemplan la Luna.

 

Como la mayoría de los eventos de nuestra existencia no recordamos el momento exacto en el cual percibimos algo por primera vez. La mayoría de nuestras apreciaciones sobre la realidad pasan desapercibidas por la memoria. Solo algunas se mantienen y perduran a lo largo de la vida como es el primer beso, el primer día de trabajo, la primera vez que vimos a aquella persona amada. No obstante, la impresión de haber visto a la luna no corre con la misma suerte. Su imagen se ha vuelto cotidiana para nuestros sentidos. No nos espanta ver un objeto de tal magnitud sobre el cielo, noche tras noche, semana a semana, año tras año. A pesar de este aparente olvido, de este vacío de la memoria, la luna conforma nuestra propia forma de apreciar el mundo, nos da sentido y rige nuestras vidas.

Ahora podemos afirmar con seguridad algunas de las características de la luna. Ésta es nuestro único satélite natural a diferencia de otros planetas que pueden contar con otros cuantos. La luna es el objeto más brillante en el cielo nocturno, pero no produce luz propia. Su radio equivale al 27% del radio de la Tierra. Es el único cuerpo astronómico aparte de la Tierra visitado por el ser humano. Estos datos enciclopédicos adquieren relevancia si los contraponemos a la historia de su observación. Es a partir de Aristarco que se dieron las primeras observaciones y análisis sobre sus características de manera científica. El astrónomo y matemático griego, para el siglo III a. n. e. explicaba las magnitudes geométricas de los cuerpos celestes. En Sobre los tamaños y distancias del sol y la luna, una de las pocas obras que ha llegado a nuestros días, explica el método para determinar las dimensiones relativas de estos cuerpos. Sus cálculos resultaron en un error del 20% de su tamaño real. Sus cálculos se consideran un éxito si se toma en cuenta que contó con nada más que una plomada y un transportador de ángulos.

Es más probable que omitamos estos datos y tengamos presentes otros. Nuestra cultura occidental está llena de referencias sobre la luna. Algunas de estas refieren desde hombres que se transforman en lobos a la luz de la luna o en brujas realizando hechizos en reuniones iluminadas por el cuerpo celeste. Hay otro ámbito cultural, el romántico. Cuantas escenas no hemos apreciado donde los amantes se encuentran en la noche bajo la luz de la luna. La soledad es otro elemento que perdura, junto con la melancolía, son rasgos que alimentan su simbología. En el tarot, la Luna es el arcano número XIII la cual representa el cambio, la confusión y la oscuridad. ¿Cuántas personas no habrán buscado una lectura del tarot para saber su suerte amorosa?  

Como bien indica Ítalo Calvino, la literatura está plagada de referencias sobre la luna. En Seis propuestas para el próximo milenio señala que “la luna tiene siempre el poder de transmitir la sensación de levedad, de suspensión, de silencioso y calmo hechizo”. Al leer sobre esta característica pensé inmediatamente en la novela 2001: una odisea espacial de Arthur C. Clark. La primera parte de la historia nos relata de qué manera los primero homínidos luchaban por sobrevivir en África. El primer protagonista es nombrado como Moon-Watcher, es decir el observador de la luna. La referencia es significativa si pensamos en la conciencia sobre la realidad. La historia nos permite pensar por un momento en aquella posible primera vez que un ser humano contempló la luna: “De todas las criaturas que hasta entonces anduvieron por la Tierra, los monos humanoides fueron los primeros en contemplar fijamente a la Luna. Y aunque no podía recordarlo, siendo muy joven Moon-Watcher quería a veces alcanzar, e intentar tocar aquel fantasmagórico rostro sobre los cerros”. En esta novela, así como en la película de Stanley Kubrick, podemos observar el carácter de la levedad que menciona con tanta pasión Calvino. La novela y la película están plagadas de este tópico. La luna que observa Moon es la vigilante silente la cual será más adelante hogar del extraño monolito que esperó miles de años a la llegada del ser humano.

La levedad, según Calvino, es un valor que se hace presente en la literatura desde la antigüedad hasta nuestra época. Recuerda Las mil y una noches, pasa por Lucrecio y Cyrano hasta mencionar a Cervantes y Shakespeare. La literatura busca esta sensación y por ende también el ser humano. Alfombras voladoras, cohetes, saltos por el aire, son todos ejemplos de la lucha contra la pesadez, aquello que nos petrifica hasta la muerte como es el caso de la temible Medusa. La luna es el símbolo por antonomasia de la levedad por lo cual Calvino nos dice: “En un primer momento quise dedicar esta conferencia entera a la luna: seguir su aparición en las literaturas de todos los tiempos y países. Después decidí que la luna se la dejaba toda a Leopardi. Porque el milagro de Leopardi fue el de quitar al lenguaje su peso hasta hacerlo parecido a la luz lunar”. Quizás de haber seguido su primera intención tendríamos un bello catálogo sobre nuestro satélite y su relación con la literatura.

La luna conforma nuestras vidas sin que nosotros estemos conscientes. Sin esta el giro de rotación sería distinto al que conocemos y por ende los climas en la Tierra serían otros. Las mareas estarían dirigidas hacia los polos. Los animales que regulan sus ciclos mediante la Luna estarían a merced de otros tiempos. Desde un principio la humanidad se ha regido por el calendario lunar para sus cosechas, estos habrían sido diferentes de no existir nuestro satélite. Varios rituales cristianos están en función de un calendario lunar, el carnaval pasaría a ser guiado por otros eventos astronómicos, quizás. Los amantes y los bandidos estarían acobijados simplemente por las luces de las calles y los hombres lobos no tendrían razón de ser. Harry Potter nunca habría tenido que huir de su profesor de Defensas contra las artes oscuras.

Algunos habrán escuchado la receta famosa de Sabines. El poeta nos recomienda tomar la luna a cucharadas o como una cápsula cada dos horas porque sirve como hipnótico y sedante. La luna ayuda a bien dormir o bien morir, a los intoxicados de filosofía. También ayuda a quienes desean ver a la persona deseada. La luna se aleja a paso lento de nuestro planeta del mismo modo que narra Italo Calvino en su cuento “La distancia de la Luna” en Las cosmicómicas dejando solo a los hombres mientras el lobo aúlla.

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