Oxímoron/ ¡Qué pasó raza! “Piporro, Cronopio del taconazo”

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Por Christian Leobardo

 

“Hay pocos Eulalios, hay pocos Eulalios ¡Pero eso sí! No hay Eulalio malo” decía don Eulalio González “Piporro” en una entrevista a un conocido canal televisivo en México. De él dijo Carlos Monsiváis “es el último gran personaje del cine mexicano”.  Eulalio González “Piporro” nació en un pueblo pequeño del Estado de Nuevo León llamado Los Herreras, y que según  él mismo -a según también una tía suya muy “léyda”- este pueblo  fue alguna vez antigua capital de Grecia, dado que cuando hubo aquella gran hecatombe en la que el Coloso de Rodas rodó, y el Partenón se partió, pues, el Partenón quedó en Atenas, pero la pura piedra bola en Herrera, su pueblo querido.

Como todo aquello que es de todos y de cada uno, como todo aquello a  lo que pertenecemos pero que de alguna manera somos, justo como no saber dónde empieza la tradición y donde empieza uno como individuo, porque ella nos dice, y nosotros la decimos, nos da ser y nosotros la somos, de esa misma manera, no se podría saber dónde empieza el Piporro y dónde su cultura norteña a la que representa, dice, expresa, reinventó y es. Sí, porque de alguna manera  al expresar su cultura, difundirla, también la es, es con ella, es él y a su vez la es a ella. No es fácil e incluso podrían no existir esas “Chulas fronteras” (como él decía) entra la tradición y nosotros, entre su tradición y el Piporro.  Uno crea al otro, como un fenómeno de mixturas simultáneas que acontecen al decir-se.

La magia del Piporro hace efecto sólo si es escuchado y seguido en lo que dice, que contrario a Cantinflas, no confunde al interlocutor con el arte de hablar sin decir nada. Piporro es aquél que habla, sí, también mucho, pero inventa mundos a través de las hazañas que cuenta. En la guerra de palabras él  acierta y mata y gana.  

“Me tiró un brinco el León y parque liga-ligazo en un ojo, me volvió a tirar  otro brinco el León y parque liga-ligazo alo´tro. ¡Meee! ¿No lo quieren creer? ¡Váyanse a Santa Eulalia Chihuahua! Anda pidiendo limosna el León”.

 

 Él siempre convence contando hazañas que son ficciones, ficciones que cobran realidad al momento de hacer sentido  con el modo simpático de su narrar: el rimar y el darle cierto ritmo a la palabra con su peculiar  acento norteño.

En mi rancho hay gallinas ponedoras, que cruzadas con marrano, toditas, ponen puro huevo con chorizo, palabra. No, y eso no es nada, tengo otra, la por mal nombre “no me platiques”, gallina cruzada con perico. Ya no tengo que ir  a ver, solita me grita: “Ya puse”. Me ahorra vueltas.

 

 Sus diálogos nos envuelven en la circunstancia que nos está narrando y nos recrea lúdicamente el lenguaje a través de frases inteligentes  que, repito, son matonas, ingeniosas  y nos dejan con-vencidos.  Como en el diálogo de la película Escuela de Valientes donde su interlocutor le pide prestados 50 pesos e ingeniosamente evade el acceder.

(Piporro) -¡Mira!  Cien pesos

(Interlocutor) -¡Ah bruto! pásame cincuenta

(Piporro)-¿Cuarenta?

(Interlocutor) -¿Eh?

(Piporro) -¿Pa’ que quieres treinta? ¿Qué vas a hacer con veinte pesos? Toma diez, ya abóname cinco de una vez.

 

El Piporro no es alburero, el Piporro es retórico,   convence, enoja, insulta, chinga pero te deja contento. A continuación transcribimos un diálogo de la película Se alquila marido en la que intenta convencer a un cantinero le dé una copa fiada:

C- ¿Otra vez?

P- Mauro, dijo aquél gordito bien parecido  que… me sirvas una copa a su cuenta.

C- Pero si ese me debe más que tú.

P- Cómo hay gente mala paga. Pon las de la casa para el coraje.

C- ¡Ni una copa más Melitón!

P- Mauro, Mauro, Mauro. No seas tan fijado hombre. Ando tras de un negocio que si se me hace, y  no veo por qué no, tú  vas a ser mi socio. Me va a dar pa’ pagarte todo lo que te debo y aparte, pagarte una póliza de jubilación por todo el resto de tus días, pa’ que te retires de andar lidiando tanto borracho ¿no sé cómo aguantas? Gastos pagados hasta que te mueras. ¿Lo celebramos?

C-  ¿Y por qué no te mueres tú primero?

P- No te conviene, luego ¿Quién te entierra y de gorra? Socio, una copa. Y te prometo que te llevo flores cada semana

C- Mira Melitón, ya estoy cansado de tus cuentos ¡Búscate otro socio!

P- ¿Ya ves? Por eso pierdes las oportunidades, el otro y yo nos vamos a hacer riquillos. ¡Es un negocio Bárbaro! A peso la entrada, nos vamos a podrir en pesos. Encontré un hueso con 8 metros de largo, y lo voy a presentar pa’ admiración de la gente.

C- ¿Y eso qué? Aquí a la salida del pueblo ahí en las barrancas encontraron un hueso de catorce metros de largo, de “dinosauro”.

P- ¿De qué? 

C- Di-no-sa-u-ro.

P- No, si este es de aguacate, criatura.

 

 Él es un norteño que recrea (parte de una realidad existente ya, por eso es recreación)  a todos los norteños. Inventa el taconazo, y los representa a todos, pero que de alguna manera es distinto a ellos. Incluso en sus canciones incorpora dentro de las melodías  otro relato complementario que  añade humor a la historia original de la letra, sea esta una letra trágica (el corrido de Rosita Alvirez) o una historia de amor triste. El Piporro recrea con una metanarrativa hablada y cómica el sentido de las historias originales que habían ya interpretado apegados a la emoción original de la letra Jorge Negrete, Pedro Infante y Javier Solís, por decir los más representativos. 

Como ejemplo está el bolero ranchero que hiciera famoso Javier Solís Llorarás y que Piporro lleva a lo cómico al introducir un diálogo hablado en su interpretación. La letra originalmente habla de un hombre que predice a la mujer que ahora le pide se aleje de ella, llorará en un futuro no muy lejano “Llorarás, llorarás mi partida/aunque quieras arrancarme de tu ser/cuando sientas el calor de otras caricias/ mi recuerdo ha de brillar donde tú estés/ cuando sientas la nostalgia por mis besos/ llorarás, llorarás, llorarás.”

Hasta el momento en que Javier Solís la interpretaba, esta canción se tornaba un bolero ranchero que hablaba de mal de amores y de una tragedia por no entender el error que comete ahora la mujer. Pues bueno, Piporro la convierte de bolero ranchero a balada Pinaolla jazz estilo Sinatra, lo que baja el intenso sentimiento de tragedia y le da un hálito de resignación sana. La interpretación del Piporro sobre esta canción inicia con un exordio hablado que no es parte de la letra original. Es por ello, Piporro es un reinventor de las emociones y de lo ya establecido. Para bajarle el intenso sentimiento trágico – pero no anularlo- dice hablado al inicio de la canción lo siguiente:

¿Y ahora?  ¿Por qué lloras? Vale más que llores de adentro pa’ afuera porque si lloras de afuera pa’ adentro, te inundas, a puras lágrimas.

Y ya en el intermedio de la canción, después de los estribillos más reconocidos de la misma, vuelve a dar un fragmento hablado, en el que incluso, le da nombre a la mujer de la canción.

Camila ¿Ya ves? Las penas duelen y en el amor más. Pero tú tuviste la culpa mujer. El chisme es mal consejero: la gente dice una cosa, otro le agrega otra y se va formando el chisme, y ahí va el chisme y el chisme y el chisme. Pero el chisme no me extraña, se ha usao toda la vida. ¡Lo que sí no paso es que tú lo hayas creído! ¿Qué te demostré yo? ¡Una pasión bruta! ¿Eh? ¿Cómo dices Camila? ¿Qué vuelva? Voy a pensarlo, el tiempo no pasa en vano.

O como dice al inicio del bolero “Respeta mi dolor” en el que crea un diálogo con quien está a punto de escuchar la canción:

¡Aja! ¡Ayyyy! Ta´ padre esta canción ¿No la habían oído? Cuando termine la vuelven a poner,  está padre.

 Sólo hay un cronopio tan divertido y taconeador, este es: Eulalio González “Piporro”. Dialogar con el Piporro es saber que uno ha perdido, pero queda contento, porque como se dice coloquialmente “ni quien le gane”. 

 

 

 

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