El alma incomoda

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Por Galaxia Guerrero

“Todos tenemos una hora cobarde, una hora de hastió cuando muere la tarde”

Alfonsina Storni.

Todas las tardes, a la hora cobarde en que el día desploma un hacha sobre la jaula crispada del reloj, Alma se escapa del nido y recorre el mismo camino de norte a sur. ¿A dónde va? Es un misterio para sus amos. No es que Alma fuese un perro, pero así es como se supone que funciona el mundo. Ella tampoco sabe con precisión a dónde se dirige, pero siempre llega al mismo destino.

Estas salidas vespertinas inquietan a sus amos, a quienes no les queda de otra, que evitarse descaradamente el uno al otro,  acto que  puede disimularse teniendo a Alma en casa <<Creemos que Alma sale de casa para drogarse o es posible que tenga un amante>>. Por más conjeturas, los viejos nunca dan con la verdad. 

La verdad es que en un mundo paralelo al mundo  que cree poder alcanzar la verdad, Alma se pierde con cada detalle que mira en el camino, hay veces incluso, se detiene para mirar las piñatas descoloridas de un puesto en el que ni las moscas se asoman. Alma se vuelve niña y se imagina rompiendo una piñata de estrella, tal vez sea la nostalgia por lo que nunca tuvo. Una piñata puede ser una lámpara maravillosa. Otra veces le ha ocurrido quedarse con la mirada clavada en el cuello de una señora, sólo porque le parecía que era un cuello muy largo; esa señora debía de ser pariente de las jirafas, su esposo debe cansarse mucho intentando llenar de besos la extensión infinita de ese cuello que se yergue entre las nubes. ¿cómo se verá el mundo desde esa altura?

<< ¡Qué tanto me mira, vieja loca!>>

La vieja loca había creado una frase para darse valor entre los vivos: “No hay que abatirse por malos entendidos. En realidad todo es un mal entendido, si entendemos esto, aunque sea mal entendido, ya estamos del otro lado”.

<<La verdad es que no sabemos qué hacer con Alma, es demasiado abstracta para nosotros y nunca le pone azúcar al café>>

El misterio se encuentra adentro. Alma busca desentrañarlo en la repetición y lo hace volviéndose una hormiga dispuesta a entrar en la lengua del lobo todas las tardes, a la hora puntual en que el sol bosteza  hastío. Una respuesta detrás de la puerta, detrás de cualquier puerta que tenga un espejo y un alma nueva. Ella entra. El probador la aprueba ¿Quién es esa que porta una blusa marrón? No se sabe. Pero el marrón le sienta bien a su piel y esa nueva textura en su cuerpo es una alegría que no quiere arruinar llevándosela con ella. No, es mejor colocarla en su sitio para que sea otra y no ella quien tenga que lidiar con la alegría del marrón. Alma no sabe lidiar con la alegría, la prefiere concentrada en pequeñas dosis como esa pizca de azúcar que sólo ella sabe pone al café.  

<<Esa mujer es un misterio, todas las tardes viene a probarse ropa que nunca compra, esa mujer es un fastidio, lo peor para nosotros es que mañana volverá, siempre lo hace>>.

 

 

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