Oxímoron/ Nadie sabrá quién ser si no sabe quién ha sido.

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Por Christian Leobardo

Es más un estar dentro de ella y dársenos nuestro ser a través de comprenderla,  que nosotros permearla y dominarla. Hablo de la tradición. Toda interpretación y comprensión humana de cualquier índole se nos muestra en su carácter de situada y arraigada. El que comprende algo lo está comprendiendo desde su  propia situación, no puede rebasar ni saltar los límites de su situación. A este saberse situado podemos denominarlo determinación histórico temporal del ser que comprende, que es el ser humano. Transcurre en un tiempo y está sucediéndole su ser dentro de esos límites del tiempo, y en tanto finito y situado, resulta que el ser humano es también un ser histórico.

En su dimensión histórico temporal el ser humano requiere, entonces, del saber que ofrece su pasado. Nadie sabrá quién es si no sabe quién ha sido. El saber del  quiénes hemos sido lo obtenemos del pasado, pero el pasado, no como un tiempo sino como un lenguaje en el que somos dichos, que nos dice (nos dice en doble sentido. 1) nos dice, en el sentido de hablarnos como  un alguien y 2) nos dice en el sentido que habla de nosotros.) El pasado nos habla para hablarnos de nosotros. El pasado nunca es un “como tal” ni un “en sí” que resta descubrir, el pasado, como un decir histórico es lenguaje y es siempre  un por verse y re hacerse en cada situación humana que lo interpreta.

De igual manera, el conocimiento histórico, no es como tal un conocimiento (científico exacto) sino un conocimiento de carácter comprensivo, por lo cual, hermenéutico. En alguna página de Verdad y Método –de cuyo número no puedo acordarme-  afirma Hans George Gadamer que el ser humano pertenece a la tradición y que es a través de ella, de irla comprendiendo como se nos da nuestro ser.        

La tradición es aquello que nos ha sido transmitido y que nos ha formado, y aquello que  a su vez permite hacer proyectos de transformación a futuro de lo que queremos ser. Es en ese sentido que decíamos anteriormente que no podemos saber quiénes somos si no sabemos quienes hemos sido, puesto que intentar transformarnos, cambiar la realidad (suponiendo que esto sea lo que se busca, cuestión que a modo de prejuicio –vea usted nada más qué hermeneuta ando- creo buscaban los discursos de los proyectos ilustrados marxianos con la superación dialéctica de todos los pasado. ) superando todo pasado en el sentido de una superación que deja de lado, no permitiría ni haría efectiva ninguna posibilidad de transformación,  cuando el punto de partida de toda transformación efectiva de toda realidad cultural, lingüística y política está en la asunción consciente y crítica de sus propio pasado y sus  creencias.

Sólo al hacerse cargo una conciencia histórica  de su pasado, de su tradición, puede encontrar las virtualidades de su transformación. Ahí está la actualidad de la hermenéutica y la productividad de la crítica: Saber qué hemos sido nos dirá quiénes somos y nos ayudará a saber cómo podremos ser. Nadie sabrá quién ser si no sabe quién ha sido. 

 

 

 

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