La que se deja la barba/ Disidencias y contrapuntos sobre el acoso sexual

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Por David Reyes

 

El día nueve de enero se celebra el natalicio de la filósofa francesa Simone de Beauvoir. Resalta el hecho que durante estos días se ha levantado una discusión en torno a las manifestaciones en contra del acoso sexual en Hollywood y en París, cuna de la filósofa que impulsó la reflexión sobre los derechos de la mujer durante el siglo XX. El tono de la disidencia parece girar en torno a la diferencia entre la seducción y el acoso, entre la liberación sexual y un aparente puritanismo.

El 7 de enero se celebraron los Golden Globes Awards, evento sobresaliente en la industria del cine y la televisión en Norteamérica. Algunas actrices y actores acudieron al evento de negro para protestar en contra del acoso y la violencia sexual en la industria del cine. El suceso ha traído varias posturas encontradas en medios de Estados Unidos de América. La noticia trascendió hasta Francia donde más de un centenar de artistas e intelectuales franceses se manifestaron en contra del “puritanismo” sexual.

El movimiento Time´s Up, apoyado por más de 300 actrices, provocó que la ceremonia de los Globos de Oro fuera una plataforma para la denuncia en contra de las agresiones sexuales. Es preciso recordar que en el 2017 la revista Time designó a personaje del año al movimiento #MeToo para denunciar los casos de acoso sexual en torno a Harvey Weinstein. Se indica que el movimiento nació hace una década activándose nuevamente por el caso de Weinstein. La actriz Alyssa Milano publicó un tuit donde invitaba a romper el silencio ante los casos de acoso. Dicha denuncia fue retomada por Sandra Muller, fundadora de “La lettre de l´audivisuel” con el mensaje #balancetonporc (delata tu cerdo).

La revista People indicó que la idea de vestirse de luto no fue acogida por todas las actrices las cuales consideran que se debería “celebrar su liberación” y vestirse como desean. Rose McGowan señaló que el silencio mostrado hasta el momento y esta propuesta del movimiento no ofrece soluciones reales. La crítica más fuerte se obtuvo por un centenar de artistas e intelectuales en Francia. Dentro de las declaraciones se indica que “La violación es un crimen. Pero la seducción insistente o torpe no es un delito, ni la galantería una agresión machista”. Uno de los aspectos del caso señala que lamentan la transformación de las mujeres en “pobres indefensas bajo el control de demonios falócratas”. 

En el artículo de la revista Vanity Fair en línea (10 de enero de 2018) “Quiénes son las cinco mujeres que han escrito el polémico manifiesto contra el “puritanismo sexual” nos presenta un panorama de algunas de las personas que criticaron el movimiento Time´s Up. Puede sobresalir el caso de la escritora y filósofa Peggy Sastre escritora del libro “La dominación masculina no existe” (2005) donde indica que, basándose en argumentos evolutivos” si los hombres tienen el podes es porque las mujeres lo han querido así, dado que son estrategias reproductivas distintas. De igual manera Shamani está contra el feminismo “victimista, puritano y separatista” el cual, desde su perspectiva, está dominando la sociedad. El caso de la escritora alude a su migración a París desde su país natal Irán donde era obligada a usar velo, no obstante, quedó decepcionada en París por la presunta libertad de la sociedad francesa. La escritora indicó que “Solía proclamarse feminista, pero hace unos meses explicó que ya no podía identificarse con una palabra que se ha convertido en una bolsa nausabunda de paranoia, moral, virtud, victimización, religiosidad, separatismo e histeria”. Califica el feminismo como un stalinismo el cual acusa, provoca ostracismo y condena.

La crítica del grupo de intelectuales señala que lo que nació como liberación se ha convertido en lo opuesto al intimidar para que se hable “correctamente” y se señale o excluya a quienes no se alinean a la causa. El caso resulta complejo y nos demuestra que ningún movimiento es homogéneo. Cada causa está en constante diálogo y crítica consigo misma. La apertura para hablar sobre los temas es necesaria para determinar o aproximarse al problema que subyace: la violencia. En el artículo “Normalización de la violencia, los árboles no nos dejan ver el bosque” aludimos precisamente a la complejidad del problema de la violencia desde nuestro entorno inmediato, los casos de asesinatos de mujeres en México.

Ahora bien, uno de los problemas que parece surgir con esta controversia es el límite entre el acoso y la seducción, entre la denuncia y el linchamiento. Ambos casos son sensibles. El primero alude precisamente al lenguaje y la forma en la que nos relacionamos. En varias ocasiones hemos visto ejemplos sobre el acoso hacia mujeres en las calles. La pregunta es ¿los parámetros sobre la seducción deben ser establecidos de manera personal o debe ser un tema político? Es político en tanto que se denuncia y puede afectar a cualquier persona. Es privado puesto que cada persona percibe de manera particular el mundo. No obstante, los casos de agresiones sexuales en el mundo son reales, así como la desigualdad laboral y la explotación sexual. Se comprende que no se está en contra de la violencia, sino se intenta matizar hasta qué punto en la actualidad es fácil crear linchamientos públicos donde cada persona puede ser juez. Este aspecto puede hacernos recordar al escritor José Tomás Cuéllar y el uso de la ironía en Ensaladas de pollos donde se pregunta cómo corregir a los “pollos” respondiendo: “Sólo por medio del ridículo. Señáleseles con el dedo; exhíbanse ante el mundo con todos sus defectos, y al arrancar sonrisas mofadoras y gestos de desdén, tal vez le teman más al ridículo que al crimen”.

En respuesta al manifiesto publicado en el diario Le Monde, la feminista Caroline de Haas lamentó la banalización de la violencia sexual pues se desprecia a los millones de mujeres que sufren o han sufrido ese tipo de violencia. Indica de igual manera que no se trata de una nueva oleada de “puritanismo” y que hay una gran diferencia entre seducir y acosar. De igual manera señaló el caso sobre el director Roman Polanski “mezclan deliberadamente un acto de seducción basado en el respeto y el placer con un acto violento […] no se trata de una diferencia de gradación entre el ligue y el acoso, sino una diferencia de naturaleza. La violencia no es una seducción aumentada”. Entra en el asunto el aspecto del discurso. ¿Hasta qué punto uno discurso se vuelve una apología o llamado para naturalizar o pasar de alto ciertos aspectos? La feminista señala que las declaraciones recientes son una “bofetada a las mujeres que denuncian la depredación sexual”. Llama la atención la postura de la feminista al indicar que esto refleja “una concepción tradicional de la sexualidad […] y del orden moral tradicional” en tanto que el hombre asume el papel del “conquistador” y la mujer la de “sumisa”. Precisamente el manifiesto parece reforzar esta idea de “no es para tanto”. No se está discutiendo la idea de que para el arte se requiera ser incómodo. En los casos de acoso no se está hablando de un hecho estético el cual va a ser expuesto en una galería de arte, sino de eventos cotidianos y personales.

El problema parece también estar en la discusión sobre la libertad de expresión. Recordemos el caso de Perelló donde se hacía una apología sobre la violación. Varios consideraron las reacciones en contra como un linchamiento mediático e incluso una forma de control del pensamiento. De igual manera está en el terreno del debate el aspecto de la sexualidad, ¿cuáles son los escenarios propios para expresarla y de qué manera? El grupo de intelectuales en Francia indican que se está cayendo en un puritanismo, el cual podemos entender como una defensa del decoro y alejamiento de la expresión de la sexualidad. Por lo cual caemos nuevamente a la pregunta ¿cuál es el límite entre la sexualidad, la seducción y el acoso? Cabe mencionar que la violencia existe de diferentes maneras y otras tantas se encuentra normalizada. Marta Lamas lo mencionó, el problema radica en la disparidad laboral, económica y social entre los géneros, lo cual provoca un constante campo batalla. La repartición de las funciones y roles sociales provoca, por decirlo, un resentimiento entre ambos géneros. Ambos se encuentran vulnerables ante las políticas laborales y económicas. Lo anterior nos arroja nuevamente a la discusión de la complejidad del fenómeno sobre la violencia y sus raíces en múltiples factores.

La masculinidad, como la idea social de lo que debe ser un hombre, ejerce presión de diversas maneras. En los medios de comunicación podemos ver de qué manera se refuerza las ideas clásicas de la fortaleza, la seducción y galantería. Estas ideas imprimen formas de pensar sobre cómo actuar y al final terminan siendo adoptadas como naturales. El caso de la homosexualidad evidencia este prejuicio. Cada vez que un hombre no sigue algún mandato de género es calificado como “mujer” o “niña” por lo cual se evidencia el uso peyorativo. Estas descalificaciones son producidas tanto por hombres como por mujeres hacia ambos géneros, mujeres hacia mujeres y mujeres hacia hombres. ¿Ceder el control debe considerarse como un aspecto negativo tanto como para ser tomado como un señalamiento común? ¿Visualizar estos aspectos, los casos de acoso y las desigualdades laborales deben mantenerse a raya? El grupo de intelectuales indica que las manifestaciones provocados en Hollywood no resuelve el problema sino más bien alienta a grupos religiosos y conservadores a llamados de recato. Al final parece que es preciso pensar cuál es el problema que anida bajo todo esto, de qué maneras puede solucionarse sin llegar al linchamiento mediático. Esto abre la puerta precisamente a discutir sobre las nuevas formas de comunicación en nuestra época hiper conectada. Uno de los aspectos positivos que encontramos es la atención sobre el tema y las diferentes reacciones. Lo anterior permite un terreno para la reflexión. La disidencia abona la discusión sobre el tema, de igual manera lo mantiene visible y nos invita a pensar nuestra postura.

 

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