La mosca en la sopa/ Relaciones humanas

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Por Galaxia Guerrero

 

La señora que limpia el baño me mira con el rabillo del ojo clavado en el espejo. Apresura un chorro de jabón que resbala entre mis manos. La mirada de los extraños es una intromisión que sofoca cuando los labios del otro están cerrados como una puerta en medio del desierto. Tocas la manija con la desesperación de quien busca romper el silencio y haces un comentario intrascendente sobre cualquier cosa.

El conjuro hace su efecto y  aparece una pequeña sombra parlante en el aire. La señora y yo estamos ligadas. Comensal miona y señora que limpia el baño, fotografía de dos entes sociables capturada entre defecaciones y aromatizantes. Uno que la caga y otro que limpia. Así funciona este mequetrefe mundo, pienso mientras escucho las cadenas que jalan desde el escusado.

La muchacha bonita a mi lado se acomoda el escote y arroja el papel de manos sin atinarle al bote, la mancha blanca en el piso se vuelve una verruga purulenta que alguien, otro, debe exprimir para que la muchacha se aleje con  garbo de aquel espacio de desechos humanos. La señora me alcanza una verruga limpia con esa agilidad que tiene de estar dos pasos adelante de los cagones. Un par de monedas hacen que la señora me sonría desde su asiento, su lugar asignado en la escala social.

Mi cabeza no puede sonreír en ese estado de consciencia despierto, pero mis labios sonríen por cortesía a pesar de que siempre he odiado esa mirada que me espía desde el espejo cuando me lavo las manos y el  mundo me trata como una inútil que no pudiera alcanzar el jabón.

 

 

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