Caballero de la triste figura/Christian Leobardo Martinez Aguilera.

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Por Christian Leobardo Martínez Aguilera.

 

Y uno, que alcanza a ver los gigantes que son estos molinos.

Uno, que no de las corduras de sus enemigos,  

Sino  de la sinrazón que del Quijote hace es hijo.

  

Uno, que comulga las ideas justicieras del de la manchega figura,

Uno, que lleva en pecho Dulcineas y

arrenda Rocinantes no entiende por qué gustar 

causas perdidas

no contenga ni justicia ni hermosura.

 

Uno, que no es virtual sino de carne,

de azul silente bosque y no de ruido, 

no entiende por qué los viejos hálitos de insurrecciones

en sus pechos no caben.

 

¿Por qué se dejan petrificar el alma

y distraer la izquierda, como si hubieran nacido sin venas,

como si hubiesen nacido en cadenas?

 

No hay utopías en su vocabulario,

Y si no hay utopías en su vocablo,

entonces, hablan capitalismo.

Habitualizan conformismo, viven estereotipo

y existen consumismo.

 

En  bolsas de compras para señoras estereotipo,

que buscan  calidad de  vida en el plástico

de las tiendas departamentales.

 

En las cabezas de las juventudes a moda controladas,

O los señores violencia de hoy en día.

 

En ellas, ellos, 

en sus logros 

  no caben convicciones.

Mucho menos una vocación,

ni en sus cuerpos un espíritu.

Ni son sus ojos los espejos para ver al otro. 

 

Y si les decimos “felicidad”  ellos

van y  piensan

“salario” y si les decimos “paz” ellos  van y entienden

cosa de lujo que se escoge por catálogo.

Y ya ni decirles “libertad”, porque ellos van y dicen:

vacaciones pagadas

en hoteles caros y desayuno continental.

 

Pero en fin, para terminar,

iré al motivo de esto, 

a ella,

La inteligente muchacha,

Que está en este poema,

Que está en este final, 

Y en todas partes lo está

 

Y es que ella era tan sana

Que no entendía

Mi enfermedad,

Tan gran mujer  equilibrada

Y yo siempre niño.

 

Dulcinea que había dado fin

a las historias  quijotescas.  

No entendía la “amada enemiga mía”

Que de quererla tanto era esta poesía,

Y mucho menos en su altiva fermosura

entendería, al este siempre suyo Quijotillo, 

caballero de la triste figura.

 

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