La palabra abre un mundo de posibilidades para poetizar la vida y socializar el conocimiento

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Imagen tomada de Noticias Voz e imagen de Oaxaca

/Por Mirna Valdés Viveros/

A un año del nacimiento de la Revista Cronopios y Divergencias me nace decir que la mayor preocupación para quienes la hacen posible es la de ejercer la crítica en los géneros de la noticia y el reportaje social, la crónica, la reseña, la entrevista, el arte / literatura y desde luego en el campo teórico de la filosofía, donde la palabra —vista en su más profundo sentido de acompañamiento y compromiso— es el instrumento para cumplir dicho objetivo.

Cada una de las columnas que se presentan en Cronopios y Divergencias aporta lucidez para quien las lee. Por citar algunas:Palestra”, donde Eduardo Vázquez en sus concienzudos análisis acerca de temas de índole filosófica, científica, política, sociocultural y ética, invita a cuestionarnos la realidad; en “La que se deja la barba David Reyes, nos hace voltear con sus finos análisis hacia la imagen, la música y en general el simbolismo en nuestra cultura y sus implicaciones de género. “Mis experiencias literarias”, de Jonathan Alberto Guzmán Díaz, se sumerge en el análisis de obras literarias de autores contemporáneos, motiva la lectura; “Oxímoron” y “Abajo y a la izquierda”, de Christian Leobardo Martínez Aguilera, son otras de las columnas que son de mi preferencia por tratarse de algo que en lo personal me apasiona, la poesía y su análisis lingüístico, filosófico y político.

Uno de los trabajos que se presenta dentro del tema de Literatura es el artículo “Siembra poética”, donde Christian Leobardo  Martínez equipara magníficamente el trabajo del campesino con el del poeta. “El campesino se dice, cultiva. Cultivar se dice intelectualmente, es cultura. El campesino cultiva el campo mediante la siembra de la semilla y lo cuida de la lluvia, de la plaga, de la hormiga. Cuidar la siembra es su cultura y procurar sus frutos su cultivo. La cultura en el campo es  relacionarse con la tierra, en-cargarse las obras de la tierra.  Otro tipo de cultivo y por lo tanto de cultura  tiene que ver con el lenguaje: la poesía.

El poeta se dice, poetiza. Poetizar se dice a su vez es instaurar un mundo. El poeta poetiza el mundo mediante el cultivo de la palabra; y la cuida como el campesino su tierra. El poeta es el campesino del lenguaje, y cultiva la palabra.  Siembra la semilla de la palabra y la cuida, es su cultura del poeta cuidar la semilla de la palabra y procurar sus cultivos, sus flores, sus frutos: las obras de la palabra. La cultura del poeta es relacionarse con el lenguaje, encargarse de sus obras.”

En especial este texto de Martínez Aguilera me caló, pues me hizo reflexionar acerca del trabajo —intelectual por una parte y del campo mexicano, por otro— que tan abandonados se encuentran.  El pedazo de tierra que redimía al mexicano se ha dejado en el olvido, así también el campo de las letras.

Reflexionar acerca de la importancia y compromiso del lenguaje y el cultivo de la palabra, me hace recordar el “Encuentro de Mujeres Poetas en el País de las Nubes”, al que asistí hace algunos años en la Mixteca oaxaqueña. Ahí tuve la oportunidad de descubrir que el lenguaje de los poetas mixtecos está inmerso en la lengua Tu’un Savi  (palabra de lluvia) que se habla en ese rumbo del Suroeste. Es una lengua donde la metáfora es inherente, corroborando así lo que dice Martínez Aguilera: “El poeta debe ver con el lenguaje, pero este debe,  lo implica antes que nada en una relación, por ello, el poeta que debe ver con el lenguaje a su vez tiene que ver con él. La cultura del poeta es procurar el campo del lenguaje. El poeta está en relación con el lenguaje, él es el cercano al lenguaje. Él lo cultiva mediante la palabra.”

La grandeza de una cultura quizás se aparezca

en las metáforas que ha inventado,

si es que las metáforas se inventan.

Ya que todo lo que el hombre hace

tiene además del sentido primario

otro sentido, por lo menos, más oculto

y recóndito que luego salta y se manifiesta.

Hay muchas cosas que el hombre ha inventado, pero hay algunas que son determinantes, como esto que estoy utilizando en este momento que hablo, para tratar de darme a entender. Estos máximos inventos son: el lenguaje hablado y el lenguaje escrito, en el sentido que son medios (herramientas) que permiten analizar las formas discursivas, dando lugar a la lectura y diálogo de esa interrelación multidisciplinaria, que forma parte del origen del razonamiento.  

Es por estas herramientas no tan simples que la Revista Cronopios y Divergencias se hace posible; seguramente el lector encontrará su tema preferente, como yo lo he encontrado en este apartado de Literatura, donde la palabra abre un mundo de posibilidades infinitas para poetizar la vida y socializar el conocimiento.

¡VIVA LA DIVERSIDAD DE PENSAMIENTO!

 

¡VIVA LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN

 

VIVA EL DIÁLOGO!

 

¡VIVA LA REVISTA CRONOPIOS Y DIVERGENCIAS!

 Mirna Valdés Viveros.

8 de noviembre de 2017

 

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