Editorial/Gracias por la semilla para flor.

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¡Que no resuene la palabra dicha como resuena el eco en las laderas:

estrellándose contra las rocas sordas, duras, impenetrables!

¡Que la palabra mueva corazones a la distancia,

porque nosotros no somos rocas ni habitamos solitarias laderas!

Habitamos música, pintura, poesía, danza.

Habitamos un lenguaje que dice de nosotros al hablarlo

 (Ch. L.)

 

Al año nos damos cuenta: la labor resultó más de campesino que de intelectual. Un  campo surcamos  y sembramos la semilla y vinieron (porque siempre hay quien, porque siempre hay uno, unas) y nos ayudaron al cultivo. Y cultivamos, y cuidamos  la palabra como el puente sagrado que nos conduce al otro (a) .  Así  vimos por cuenta propia que  la cuestión de la Cultura tenia que ver-  como de por sí en sus orígenes latinos- con el cuidado del campo.

Aprendimos mucho del campesino. 

¡Y hoy, nuestra palabra es nuestra cultura y nuestra cultura  es el cuidado de la Cultura, de su cultivo!

La Cronopios: semilla para flor. Estamos a su cuidado.

Tierra para cultivar la palabra aprovechamos; llamamos   y les repito, vinieron. Y aquí siguen y vendrán más: las personas que quieran cultivar la flor de  la palabra. El temporal de este año nos deja ver ya  el rostro de esta flor que es nuestra revista. Cromática flor es que se alimenta de las luces del Sol de colores.

Aquí seguimos, floreciendo. Nuestra Cultura merecía una flor y por eso nuestra Cultura misma  nos nació, porque nuestra Cultura es el campo donde florecemos como individuos  pero sobre todo como comunidad. 

Y aquí seguimos, desde el hermeneuta hasta el analítico, desde la que se deja la barba hasta el Filósofo Rey y ya no decir que hasta el Felipín. 

Desde los que nos leen y nos existen hasta los que escribimos y los buscamos.

Desde el diálogo que somos florecemos: ¡Léanos!  ¡Exístanos! 

Ustedes completan la flor. 

 

A un año de esta hermosa flor decimos:

Gracias por la semilla para la flor.

Atte. 

Cronopios y Divergencias

 

 

 

 

 

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