Filosofía de Pasillo/ De la muerte y sus festejos

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Anónimo, integrante de Filosofía para Todos AC

Por lo general, de la rutina no se obtienen buenas referencias, llegando incluso a ser un mal a la salud mental. Aun así, hay que destacar su importancia en el entramado antropológico, pues de una u otra manera el hombre es un ser rutinario y gracias a ello ha logrado constituirse en lo que es.

Lo anterior tiene que ver con el hecho de que la repetibilidad genera costumbres, a reserva de posibles contraargumentos puedo afirmar que no hay costumbre que no tenga que ver íntimamente con alguna fecha o evento determinado que se dé con periodicidad y que el hombre, fiel a su costumbre de explicarlo todo, le haya dado una significación.  

Si tomamos como cierta la afirmación, la costumbre explica y dota de sentido prácticas que aparentemente no tienen explicación o que, aún no logra dar con una explicación racional. Con esto, no quiero insinuar que algún día desaparecerán, pues la visión duramente racionalizadora de los que enarbolan muchas veces la ciencia nos dice que, a medida que las explicaciones científicas o racionales se den las costumbres, entendidas como ritos, eventualmente desaparecerán.

Explicar racionalmente el acontecer de un rito no implica que deba desaparecer, pues además de explicatorias cumplen con la función de amalgamar el tejido social. Es otro tipo de saber, inconmensurable con lo que generalmente se llama así.

Ahora bien, en el caso específico del Día de Muertos pasa algo que, quizá, no ocurra con las demás tradiciones y que es sólo con el dogma religioso compartido. No se sabe qué hay después de la muerte y una explicación definitiva no se ve venir, por lo pronto.

La tradición conmemorativa del Día de Muertos, como se sabe, data de la época prehispánica en la que la visión de la vida era un ciclo que continuaba en otro sitio y condiciones diferentes. Con la conquista, la cosmovisión cambia radicalmente, sin embargo, a su modo, se logra un sincretismo en el que confluyen el catolicismo y el rito a los muertos. A pesar del espanto que generó y genera la tradición ha perdurado y las razones por las cuales lo ha logrado tienen que ver directamente con cómo se la trata.

Pudiera parecer que el festejo es de burla, pero no es así, sino que muestra que el acto mismo de vivir está, en todo momento, impregnado de su contraparte, es de decir, la muerte. De este modo se hace patente que para morir nacimos.

En la actualidad tenemos motivos para seguir llevando a cabo la tradición del Dia de Muertos, me parece que al menos son dos los que hay que tener en cuenta, principalmente: el primero tiene que ver con el evidente hecho de la inseguridad. Las crudezas de la muerte se nos han presentado en cara y cada vez nos parece más cercana la idea de formar parte de las estadísticas de los que dejaron de ser.

Ante esa crudeza no nos queda más que la propia actitud heredada de la tradición, que es la ofrendar por los propios, los extraños y los no sabidos algo para hacerles honor y compañía; además de convencernos y convencer de que es sólo un paso más hacia algo. Pues de una u otra manera se tiene que suavizar el tremendo golpe del paso por la vida.

. El segundo motivo, un tanto más superficial que el primero, tiene que ver con la ornamentación que encierra el festejo, me refiero a la elaboración de las calaveritas, uno de tantos arreglos que se hace como acompañamiento del día. Su labor consiste en ofrendar de una manera “cómicamente seria” una rima que haga los honores de vivos o muertos y que, por lo general, llevan implícitas una crítica hacia quien va dirigidas. De este modo los vivos hacen las paces con las malas actitudes que de otro modo sería difícil expresar.

Probablemente, haya un tercer motivo para seguir llevando a cabo el festejo, es importante hablar de la festividad del Halloween frente a nuestra fiesta nacional, por lo común se dice que hay que ignorar a la primera por no pertenecernos, que deberíamos dedicarnos a preservar nuestras tradiciones, porque forma parte de nuestra identidad. Ciertamente, es verdad, pero me resisto a pensar de manera tan conservadora, tener que elegir una u otra no me parece la solución, en la medida en que festejar una no anula a la otra.

Por más que reconozcamos que el Día de Muertos va perdiendo terreno no debemos augurar su desaparición, justamente porque las tradiciones generan idiosincrasias y nosotros, aunque nos la intentemos sacudir, formamos parte de ella. La idiosincrasia mexicana

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