Dos palabras de José Alfredo

jose alfredo
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Por Christian Leobardo Martínez Aguilera

La canción es el mejor medio para limpiarse el alma

(José Alfredo Jiménez)

Exordio

La idea: pensar los méxicos de México” es  un ensayo propiamente de interpretar algunas de  aquellas expresiones culturales que desde nuestra geografía emergen y le dan color y pluralidad y que vaya a saber qué sea, o vaya a saber si es un en sí, o vaya a saber si no es un plural, y por lo tanto: Méxicos. Ensayamos estas interpretaciones sin la necesidad de querer afirmar que exista algo así como “la mexicanidad” ni tratando de ofrecer otro perfil del ser del mexicano, no, simplemente creemos en la pluralidad de colores y de modos de ser y devenires constantemente diferentes, cambiantes y múltiples que es siendo México en el decirse de sus expresiones.

También de dolor se canta…

Hay lo que viene a ser sólo por el modo que se dice y hay lo que viene a ser sólo  si se dice. Hay modos de ser que justo nacen como modos de ser si se dicen cantando y que incluso sólo cantados calman aquel prurito de decirlo. Es la idiosincrasia mexicana una de las identidades culturales que más expresan su ser y su sentir a través del cantar y la música. “También de dolor se canta cuando llorar no se puede” reza la canción “Perdón no pido” de Manuel Esperón, y frase que se ha hecho ya parte de la sabiduría popular en México.

La desesperación, la tristeza y el dolor de cierto sector de México fueron en su momento representados en las letras del compositor guanajuatense José Alfredo Jiménez, o  más bien conocido popularmente y simplemente como José Alfredo. Afirma Martin Heidegger que es por la obra de arte que un artista puede decirse tal, y que a su vez la obra es obra de arte en tanto es compuesta por éste. Son coexistencia, gemelos, parte del mismo fenómeno, porque  hay algo más general que hace tener origen tanto al autor como artista y a la obra una obra de arte, esto es: el arte.

En otro texto llamado “Hölderlin y la esencia de la poesía” el filósofo campesino realiza una interpretación puntual y filosófica a través de cinco palabras guía del poeta alemán, que más que palabras, son literalmente cinco frases o sentencias que le sirven al filósofo de la selva negra para llevar a cabo su pensar sobre la esencia de la poesía.

 En el presente escrito pretendemos aplicar dicha estrategia- con toda proporción guardada- que realiza Heidegger con respecto a Hölderlin, haciéndolo nosotros con palabras guía del compositor mexicano José Alfredo Jiménez. No buscamos esencias de nada, no buscamos prenotandos  filosóficos de ningún tipo, ni hacemos crítica literaria, ni antropología cultural de ningún tipo. Otra cosa, otra cosa buscamos, si acaso un dirección, sólo ensayamos interpretaciones, y toda interpretación es ya ganancia filosófica si se piensa el interpretar como señalar en una dirección.

“Y mi palabra es la ley”

Interpretamos la primera palabra de José Alfredo “y mi palabra es la ley”[1] la cual es parte de la quizás canción más famosa del compositor guanajuatense: “El Rey”. Esta canción también pertenece al repertorio del los tópicos del desamor. En El Rey se puede ver el claro resentimiento y el reclamo de amor ante quien se va

Yo sé bien que estoy afuera

Pero el día en que yo me muera

Sé que tendrás que llorar

Y ya no hay nada que hacer, sin embargo, la separación no implica para el que reclama una ausencia de cariño de la que se fue;  el dolido exclama que el día que muera, aquella que dice ahora no querer, triste llorará. La canción está estructurada en su ritmo por 5 estrofas, las primeras dos contienen directamente ael reclamo a aquella que dice no querer. La tercera simplemente describe a aquél que aunque no correspondido sigue siendo el Rey

Con dinero y sin dinero

hago siempre lo que quiero

y mi palabra es la ley

Pero es este último verso en tanto que dice “y mi palabra es la ley” lo que nos llama la atención aquí. Como hemos dicho ya, la canción es una dedicatoria específica a una mujer. Esto encierra  la letra de esta canción  en un estado de cierta intención fijada por parte del autor. Aunque aquí interpretaremos la situación. Al equiparar su palabra como ley, posiblemente el compositor habla de ese estado de gracia al que pertenece por el hecho de gozar de la popularidad y que muchas personas canten a coro y se identifiquen con sus letras; sin embargo, aquello que implica que la palabra sea ley, no es otra cosa más que afirmar que sus letras gozan de cierta aceptación que la vuelven la verdad. Él es un creador como todo poeta.   Él está situado en el hacer del poeta: aquél que descubre verdades a través del decir de la palabra que  manifiesta la verdad y que por ello mismo, como todo poeta, José Alfredo pueda afirmar “mi palabra es la ley” justo como lo haría un Rey.  Esto es, instaurar modos de ser, elevar la palabra al nivel de ley respecto al manifestar la verdad.

Porque es verdad que en la legislación y el gobierno de las verdades poéticas  no sirve el dinero “con dinero y sin dinero/hago siempre lo que quiero”; la legislación de la que habla está en otra esfera, aún sin gozar como todo Rey de una reina, y a pesar de la incomprensión (en la que los mayores poetas han caído) sigue siendo el Rey.

No tengo trono ni reina

Ni nadie que me comprenda

Pero sigo siendo el Rey.

Rey de un lugar, como lo dice  en la canción “Vámonos”  

Yo no entiendo esas cosas

De las clases sociales…

…Vámonos

donde nadie nos juzgue

donde nadie nos diga que hacemos mal

Vámonos

 alejados del mundo

donde no haya justicia

Ni leyes

Ni nada…

Lugar ideal donde como Platón, el compositor por su palabra sería El Rey. Pero la canción sigue. Teniendo como ley la palabra de este Rey, también pasa al otro extremo, donde hasta el arriero, una piedra, pueden regalarnos en este camino de la vida algunas enseñanzas.

Después me dijo un arriero

Que no hay que llegar primero

Pero hay que saber llegar

Por eso, si se está en un camino donde no hay sentido verdadero mientras se está en ély que lo único cierto es que en determinado momento se acaba,  que por eso no vale la pena llegar primero (a la muerte) pero sí,  hay que saber llegar. Esto es,  hay que saber morir en cualquier momento que llegue la muerte. Ante la inminente certeza de la muerte, lo que hay que hacer estando acá, es saber llegar, la pregunta sería -y que el guanajuatense no responde, pero hace lo más importante, esto es, abrir la posibilidad de preguntar-  ¿cómo se cumple el saber llegar? Es decir, ¿cómo está el ser humano en su existencia, de tal manera que ante la posibilidad de la muerte en todo momento ya haya sabido llegar?

Suponemos que es a través de entender  la comparación de la existencia como el destino de una piedra: “me enseñó que mi destino era rodar y rodar”. ¿Qué significa aquí rodar y rodar? Será por ello que en otro momento en otra canción donde se habla de la pérdida de un ser querido diga que “la vida no vale nada”. Pues el equiparar la vida misma a un camino, camino del cual nadie sabe a certeza el sentido, por eso se es como una piedra, la cual tiene como destino rodar y rodar, destino sin sentido, determinación absurda,  el sino errante.

Una piedra del camino

Me enseñó que mi destino

Era rodar y rodar

Pero que incluso, ante la certeza de la muerte, mientras no se muere, es porque se está vivo. La certeza de la muerte acarrea la certeza de la vida o viceversa. El sentido de la piedra de José Alfredo,  es comprender que está aquí para morir, pero que antes, tiene ser, tiene que ser.  

 “Quise hallar el olvido al estilo Jalisco”

Quién no, con botella, trago o corazón en mano a cantado a la mexicana en la decepción amorosa “Ella”, donde se dice  “me cansé de rogarle, me cansé de decirle que yo sin ella de pena muero”. El mismo Joaquín Sabina dice fue testigo de cómo un borracho en México por medio de una cabina telefónica y un mariachi detrás, cantaba   a su novia con canción de  José Alfredo. Afirma el mismo Sabina que José Alfredo es aquél que  ha acompañado a los borrachos de toda habla hispana, que  es aquél que pone siempre un hombro para llorar siempre.

Bueno, más allá del personaje José Alfredo, de sus letras llenas de dolor y desamor, más allá del hombro que presta  para llorar, vemos otro José Alfredo que funda un mundo en sus letras. Las ciencias sociales lo llamarían idiosincrasia, pero nosotros preferimos llamarlo un modo de ser. La letra de la canción “Ella”, que está plagada de desamor y de la inminente certeza del se acabó ahora mismo el amor

Ya no quiso escucharme

Si sus labios se abrieron

Fue pa´ decirme

Ya no te quiero.

Esta letra no describe ni expresa tanto el hecho del amor terminado, sino el cómo se asume tal dolor y del cómo se asume tal hecho. Al abrirse los labios de “Ella” que sólo dicen “ya no te quiero” la vida misma recobra su cauce, ese cauce del que  en el amor es alguien no correspondido y desdichado. Una cosa es su vida, otra es su suerte. La vida de éste que sufre, por más idilios que alcance siempre estará determinado por una suerte negra a llorar “pero ya estaba escrito que aquella noche, perdiera su amor”  es su cosa, es su irle, es lo que la determina, la mala suerte.

Yo sentí que mi vida

Se perdía en un abismo

Profundo y negro como mi suerte.

¿Cómo lo asume quien ya sabía que su irle mal lo determina a sufrir siempre, a perder en el amor? ¿No lo asume ya como lo hace el tradicional charro macho mexicano que no llora y que con licor y con tragos logra olvidar altivo a la que lo dejó “ni falta que hace la que se va”?  No, en “Ella” se abre sin querer  otro modo, se habla del querer hallar el olvido sí, porque duele y hay que olvidar, sí, como se hace, al estilo Jalisco, que es el olvido por los tragos y sin llanto, como los meros machos,  cantando altivo y sin rajarse, aunque…resulta que ahora mismo, todo aquel lugar que adorna al macho, resulta que ahora aquellos mariachis que acompañan la altivez, resulta que el mismo tequila, elixir del que no llora, hace una traición al macho y lo hace llorar.

Quise hallar el olvido

Al estilo Jalisco

Pero aquello mariachis y aquél tequila

Me hicieron llorar.

Asumir el olvido al estilo Jalisco es ahora oxímoron, es ahora un olvido que  rememora, y de  ahora en adelante este olvido que rememora será el modo de asumir el desamor. Claro que no es la erradicación del machismo, ni tampoco una transformación del mismo, es simplemente que el macho se deja llorar, y que ahora se puede “llorar como los meros hombres”. A partir de “Ella” el macho llora por olvidar y no querer olvidar.Ya en otras de sus letras se nota esto mismo, por ejemplo en Pa´todo el año

Si te cuentan que me vieron muy borracho

Orgullosamente diles que es por ti

Porque yo tendré el valor de no negarlo

Gritaré que por tu amor me estoy matando

Y sabrán que por tus besos me perdí

Pd) No interesa tanto si gusta o no a ustedes que son sapientes,  lo que interesa es que se lo debía a Tío Pancho,  quien me enseñó  un mundo raro

[1] Nótese que si bien nombramos a José Alfredo como compositor o autor, no hablamos de él en el sentido de explicar al individuo que quiso decir algo con intención psicológica en sus canciones, hablamos más bien de la palabra, de la letra de sus canciones, y esta no tienen nada que ver en tanto lo que dicen con la intención de su autor, pues sucede con todo aquello que es expresión fijada en el lenguaje el estar más allá de la intención psicológica  del autor.

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