Filosofía de pasillo/ ¿Quién dice cómo ver el arte?

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Por José Ricardo Torres Huesca

Miembro de Filosofía para todos A.C y organizador del Café Filosófico Xalapa

 

En los últimos meses, en mis redes sociales estuvo propagándose el video de una entrevista a cierta crítica de arte. Ella (cuyo nombre prefiero omitir puesto que este relato introductorio solo tiene fines anecdóticos) con sus bases teóricas e históricas levantaba una objeción enérgica ante el arte contemporáneo, en específico, el video-arte, instalaciones y performance. Para ella, esas formas artísticas no podían ser consideradas arte por la baja o ausente calidad técnica (en el sentido de habilidad manual), entre otras cosas. Como es mi costumbre en ese sector del ciberespacio, examiné algunos de los miles de comentarios y, en resumidas cuentas, o estaban de acuerdo con su postura o en desacuerdo, raro era la opinión “intermedia”. Esto es común que suceda cuando se presentan críticas radicales o extremistas.

            Es cierto que es un tanto escabroso hablar del arte contemporáneo, debido a los objetos extraños (o acciones) presentados como obras de arte. Además, personajes como la entrevistada nos recuerda un problema que se viene añejando desde los años setentas: acerca de la legitimación del arte. En la actualidad, nos es confuso distinguir entre lo artístico y lo no-artístico. Otra situación que trae a flote este problema fue el caso de hace un año, cuando un bromista colocó unos lentes en el Museo de Arte de San Francisco haciéndolos pasar como obra de arte. Los visitantes no tardaron mucho para tomarle fotos y apreciarlos estéticamente. Ante estos casos y obras de arte contemporáneas, nos preguntamos: ¿Qué es el arte? ¿Quién o qué lo legítima? ¿Cómo ver las innovaciones artísticas? Aunque este problema sigue abierto, no creo que este artículo sea capaz de resolverlo, sin embargo espero que al menos ayude a comprender algunos sucesos de la historia artística.

            Los autores de hace aproximadamente cuarenta años dieron una serie de respuestas para entender lo que estaba pasando en el mundo del arte. Quizá entre los más reconocidos esté Arthur Danto, quien sostenía la tesis de que el arte llegó a su fin, en el sentido de la emergencia de un cambio estructural en el concepto de lo artístico y, con ello, la forma de su ejecución. Es decir, apareció otra forma de hacer arte.

            Mientras que el llamado arte conceptual retiró la necesidad de un objeto (Obras como “Una y tres sillas”), el pop art inauguró el problema de los indiscernibles (Este problema es ejemplificado por el caso de los lentes mencionado anteriormente y obras como la Brillo Box de Andy Warhol). Lo interesante en este autor es que encuentra en el arte contemporáneo la virtud de la libertad y la expansión de un mundo de experimentación, fuera de las limitaciones del arte pre-contemporáneo.

            En la historia del arte, específicamente a partir de las vanguardias puede apreciarse una extenuante búsqueda de libertad artística. ¿Quizá esa búsqueda sigue vigente? De hecho, en los años noventa, surgió una serie de artistas cuyo interés era la exploración del entonces nuevo ciberespacio con la misma aspiración de libertad. En este caso, Internet era un entorno libre de las instituciones, nuevo y abierto a las experimentaciones (este movimiento fue llamado net.art).

            Sin embargo, muchos no quedan satisfechos con comprender el arte en términos de una búsqueda de la idealizada libertad, es decir, es común escuchar expresiones de la forma “no cualquier cosa puede ser arte” o bien, notar una cierta aversión a frases como “todo se vale en el arte”. Además, en ciertos ámbitos sociales y políticos es necesario definir con mayor precisión aquello que se entiende por arte.

            Entre la discusión de los setentas, hubo quienes vieron el arte como resultado de una institución. George Dickie, por ejemplo, describía el mundo del arte como un sistema institucional cuyos elementos mínimos eran el artista y el espectador. El primero era alguien instruido con conocimientos e intenciones artísticos, y el segundo debía aproximarse a la obra con expectativa de apreciar la obra. Quien legitimaba el arte eran estos dos elementos que a su vez debían estar dentro del llamado “círculo del arte” compuesto, además, por la academia, museos, galerías, críticos y curadores.

            Otros teóricos desde la sociología han logrado observar que las instituciones artísticas son parte fundamentales en la determinación de aquello que llamamos arte. En este sentido, arte es aquello que encontramos aceptado por la institución, tomando en cuenta las acciones de compra-venta de la misma.

            También el arte puede ser visto como el discurrir de un lenguaje donde cada obra funciona como un enunciado más. Así, una obra de arte es una tesis que forma parte y ayuda al desarrollo de este lenguaje. El parentesco y la referencia al arte del pasado o a las corrientes ya consolidadas legitimarían el arte actual.

            Lo curioso de todas estas teorías y discusiones contemporáneas es que abandonan las estéticas tradicionales, es decir, no se empeñaron en defender aquel arte que conectaba con la divinidad como enunciaban los medievales o con la naturaleza como decían en el romanticismo. Seguramente, en las discusiones previas, hubo defensores de estas estéticas, sin embargo, estaban de acuerdo en que la forma de hacer arte estaba cambiando drásticamente, tal como señala Arthur Danto.

            También cabe preguntarse cómo queremos ver un arte que conecte con lo divino en una sociedad que se va desentendiendo poco a poco de la religión; o cómo leer los sentimientos del artista donde no podemos ni adivinar los sentimientos del prójimo (o ni nos interesa); o cómo buscar artistas cuyo propósito principal no sea la obtención monetaria si vivimos buscando un trabajo para sobrevivir; o cómo queremos ser sorprendidos o “impactados” si estamos rodeados de un montón de estímulos. En este sentido, las investigaciones culturales dan luz cuando explican que el arte es la expresión de la cultura y de la época. Esto es, ante la época y cultura que vivimos podemos apreciar un arte contextualizado que nos habla del mundo actual.

            Con esto no quiero decir que no exista algo como el arte feo, sino que este asunto es punto y aparte. Es un juicio evaluativo o de gusto que al final depende de cada individuo. Sin embargo, no es una práctica sana imponer esta preferencia al momento de apreciar algunas de las creaciones de nuestra localidad. También, cabe notar que este sería un paso posterior a la legitimación del arte, es decir, primero habría que clasificar qué es arte y, posteriormente, evaluarlo. No porque algo no nos guste, deja de ser arte, o viceversa.

            La recomendación que puedo dar ante esta gran discusión es leer de forma crítica la historia del arte, luego observar las diferentes discusiones y propuestas del mundo artístico, para finalmente generar una crítica centrada en el contexto que nos toca vivir, y, por lo tanto, disfrutar aqello que nos gusta de forma libre y personalizada Así, cuando vayamos a un museo o galería no pasaremos malos ratos amargándonos por la falta de sensaciones ante alguna rareza, en cambio, hagámos un ejercicio de interpretar porqué un artista (con su formación) haría eso, quizá nos sorprenda de alguna forma…

            A propósito, ¿Cuál obra de arte contemporánea es su favorita? ¿Por qué? Si aún no cuenta con alguna de su interés, probablemente sea porque no ha revisado una gran cantidad de obras que abundan al rededor del mundo, pues además de ser numerosas, también varían en los temas, técnicas, ejecuciones, propuestas, etcétera.

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